Decimos con frecuencia: “Estoy orgulloso de ti”.
Lo decimos a nuestros hijos, parejas, amigos o compañeros cuando alcanzan algo importante. Parece una expresión de amor, reconocimiento y alegría.
Pero ¿podemos sentir orgullo por el logro de otra persona?
El orgullo está relacionado con la valoración que hacemos de nosotros mismos, de lo que somos, superamos, decidimos o construimos.
Cuando lo sentimos por alguien más, podríamos estar incluyendo una parte de nosotros en una historia que no nos pertenece.
“Estoy orgulloso de ti” puede esconder, sin intención, un mensaje diferente.
“Lo que hiciste también habla bien de mí”, porque te acompañé, porque te enseñé, porque confié en ti, o porque cumpliste con lo que esperaba de ti.
La admiración nace desde otro lugar.
No necesita apropiarse del resultado ni convertirlo en una extensión personal. Reconoce lo que el otro enfrentó, eligió y construyó, aunque su camino sea diferente al que nosotros habríamos elegido.
El orgullo puede depender de que la persona responda a nuestras expectativas.
La admiración puede permanecer incluso cuando no comprendemos todas sus decisiones.
Por eso, la diferencia no está solamente en la palabra, sino en el lugar interior desde el cual miramos al otro.
¿Deberíamos sentir orgullo o admiración por alguien?
Yo me quedo con la admiración.
Puedo sentir orgullo por lo que soy, por lo que he superado y por las decisiones que he tomado. Pero frente al camino de otra persona, prefiero admirar.
Su logro le pertenece.
Puedo celebrarlo, acompañarlo y conmoverme con él sin convertirlo en una extensión de mí.
Por eso, cuando alguien que quiero alcanza algo importante, prefiero decir: “Te admiro”.
Y tú, ¿crees que podemos sentir orgullo por alguien o admiración por lo que esa persona decidió construir?
Este artículo fue inspirado por Elisa Carvajal.