No necesito a nadie
Por Mauricio Jaramillo Montoya.
Hay frases que parecen fortaleza, pero también pueden esconder una herida.
“No necesito a nadie”
A veces no es autonomía.
Es la conclusión de quien necesitó a alguien y no lo encontró.
Hay quienes aprendieron a hacerse fuertes para no volver a depender.
Otros se refugiaron en su mundo interior para no sentirse invadidos.
Y algunos se volvieron indispensables, exitosos o complacientes para asegurarse un lugar en la vida de los demás.
Distintas formas de protegerse.
Una misma dificultad: reconocer que también necesita de otros sin sentirse débil por ello.
Necesitar al otro no significa entregarle nuestra vida.
No es pedirle que nos salve, que nos complete o que se haga responsable de lo que sentimos. Tampoco es permanecer en vínculos que nos dañan por miedo a estar solos.
Eso no es conexión, es dependencia.
Pero convertir la autosuficiencia en una armadura tampoco es libertad.
Somos seres relacionales.
Necesitamos una conversación que nos ayude a ordenar lo que pensamos. Una mirada que nos recuerde que existimos más allá de lo que hacemos. Una presencia que no resuelva nuestros problemas, pero que permanezca mientras los atravesamos.
La verdadera autonomía no consiste en no necesitar a nadie.
Consiste en poder estar con otros sin abandonarnos.
Pedir ayuda sin sentirnos débiles.
Recibir afecto sin quedar en deuda.
Acompañar sin convertirnos en salvadores.
Y estar solos sin sentirnos desamparados.
Crecer no es dejar de necesitar.
Es aprender a relacionarnos desde la elección y no desde el miedo.
Quizás la frase no sea “no necesito a nadie”.
Quizás sea:
Te necesito, sin dejar de ser yo.
Inspirado en la siguiente publicación de Marga Michinel. https://www.linkedin.com/posts/margamichinel_inteligenciaemocional-comunicaciaejn-liderazgo-activity-7502615395296616448-Hqok?utm_source=share&utm_medium=member_desktop&rcm=ACoAAA7Y7l0BEjB-yOTUoTbaDmSteB7M7flJfh4