¿Lo que estamos haciendo realmente tiene sentido?
Por Mauricio Jaramillo Montoya
A partir del 15 de julio de 2026, la jornada laboral ordinaria en Colombia será de 42 horas semanales.
Pero lo que realmente cambia no está en la ley.
Está en una pregunta que empieza a incomodar:
¿Lo que estamos haciendo realmente tiene sentido?
Hasta ahora, el tiempo alcanzaba para disimular.
Para sostener reuniones que no definían nada.
Para repetir procesos que nadie revisaba.
Para seguir haciendo, sin detenerse a pensar para qué.
Había espacio.
Y cuando hay espacio, casi todo sobrevive.
Con 42 horas, ese espacio desaparece.
Y cuando desaparece, lo que antes pasaba desapercibido empieza a pesar.
Cada reunión innecesaria se siente.
Cada paso de más en un proceso retrasa.
Cada tarea sin propósito compite con lo que sí importa.
La pregunta deja de ser teórica.
Se vuelve práctica, incómoda.
¿Esto tiene sentido… o solo ocupa tiempo?
No es una discusión menor.
Es lo que define qué sigue existiendo y qué no.
Porque el reto no es la reducción de la jornada.
El reto es todo lo que hacíamos sin una razón clara y que ahora ya no cabe.
Intentar hacer lo mismo en menos tiempo no resuelve nada.
Solo aprieta más un sistema que ya venía cargado.
El cambio real es otro, empezar a decidir.
Decidir qué vale la pena sostener.
Qué se puede simplificar.
Y qué, simplemente, debe desaparecer.
Eso implica incomodidad.
Implica cuestionar prácticas que parecían normales.
Implica aceptar que no todo era necesario.
Pero también abre algo que antes no estaba, claridad.
Porque cuando el tiempo se limita, la organización se vuelve más honesta.
Lo que tiene sentido se defiende solo.
Lo que no, queda en evidencia.
Al final, las 42 horas no van a definir quién funciona mejor.
Lo va a definir la capacidad de hacerse, y responder en serio, una sola pregunta:
¿Lo que estamos haciendo realmente tiene sentido?