Lo que recibimos por lo que hacemos
Por Mauricio Jaramillo Montoya
Una persona recibe un aumento y siente alivio. Otra recibe el mismo porcentaje y se siente poco valorada. La cifra puede ser igual, pero lo que cada una espera de ella, no.
Para entender esa diferencia, vale la pena mirar atrás. En la antigüedad, el ganado se utilizaba para intercambiar bienes y como referencia de su valor. Esa relación quedó en el lenguaje: pecunia, dinero en latín, deriva de pecus, ganado. “Salario”, por su parte, proviene de salarium, vinculado con la sal, un producto esencial para conservar alimentos.
Las formas de pago cambiaron, aunque seguimos esperando que lo recibido tenga sentido frente a lo que entregamos.
En el trabajo aportamos tiempo, conocimiento, esfuerzo y responsabilidad. Esperamos una remuneración “justa”. Pero también podemos buscar en ella tranquilidad, reconocimiento o una confirmación de nuestro lugar.
Ahí empiezan muchos desencuentros.
Quien necesita reconocimiento puede interpretar un incremento como una medida de su importancia. Quien busca seguridad puede seguir preocupado después de recibirlo. Quien se compara constantemente puede dejar de apreciar su salario al conocer el de otro.
Comprender estas diferencias ayuda a conversar mejor y a construir acuerdos más claros.
La organización también debe revisar desde dónde decide. Cada decisión de compensación comunica algo. Un aumento puede reconocer una mayor responsabilidad. Un incentivo puede orientar el esfuerzo hacia un resultado. Una excepción sin fundamento puede enseñar que presionar funciona mejor que contribuir.
Diseñar compensación exige mirar los cargos, la equidad interna, el mercado y la capacidad del negocio. También reconocer qué conductas se promueven y si las decisiones pueden explicarse.
Para la persona, implica comprender qué espera del trabajo y cuánto está entregando para obtenerlo. Ganar más puede abrir posibilidades, pero también traer exigencias que reduzcan el tiempo y la energía para disfrutarlas.
La compensación necesita criterio para reconocer el aporte. Y nosotros necesitamos claridad para no confundir lo que nos pagan con lo que valemos.