Ser adulto es comprender que nunca estamos del todo listos
Por Mauricio Jaramillo Montoya
No eres adulto porque llegas a una edad. Ser adulto implica reconocer que la vida seguirá transformándote y que muchas decisiones tendrás que tomarlas sin sentirte preparado.
Elegimos, construimos relaciones, criamos hijos y atravesamos pérdidas mientras seguimos aprendiendo. Ninguna experiencia nos deja terminados.
Sin embargo, a veces creemos que tener más información significa comprender mejor la vida. Aprendemos a nombrar nuestras heridas, identificamos comportamientos y empezamos a mirar a nuestros padres desde una supuesta superioridad.
“A mi edad, ellos no estaban tan preparados como yo”.
Quizá tengas herramientas que ellos no tuvieron. Pero también tienes temores que todavía no reconoces, reacciones que justificas y certezas que la vida aún no ha puesto a prueba.
Podemos cuestionar su rigidez y volvernos rígidos al juzgarlos. Rechazar sus exigencias y exigirnos perfección. Criticar sus silencios y evitar nuestras propias conversaciones difíciles.
A veces, aquello que creemos haber superado simplemente cambió de forma.
Comprenderlo no borra sus errores ni justifica lo que nos hizo daño. Ellos son responsables de sus actos y del daño que pudieron causar. Pero eso no los hace responsables de todas nuestras decisiones ni de cómo respondemos hoy a lo que vivimos. Podemos reconocer el dolor, poner límites y decidir qué queremos hacer diferente. También podemos aceptar que conocer sus equivocaciones no nos libra de cometer las nuestras.
Nuestros padres fueron personas en transformación mientras intentaban ser padres. Nosotros también estamos aprendiendo mientras respondemos a lo que la vida nos pide.
Por eso, antes de afirmar que ellos no estaban preparados y nosotros sí, conviene preguntarnos cuánto de esa certeza nace de la necesidad de sentir que tenemos el control.
Ser adulto implica hacerse responsable de lo que uno hace con su historia, incluso cuando todavía hay preguntas abiertas.
Poder decir: “Esto me dolió, esto quiero cambiar y esto aún no sé cómo hacerlo”.
Seguimos en transformación, y reconocerlo nos permite vivir con más apertura, pedir ayuda y mirar a nuestros padres con una comprensión que también necesitaremos para nosotros mismos.