Se puede ser líder sin parecerlo. Parecer líder no basta para serlo.
Por Mauricio Jaramillo Montoya
Quien necesita aprobación, control y demostrar cuánto vale puede ocupar un cargo de liderazgo. Puede hablar con seguridad, dar instrucciones y conseguir que otros obedezcan. Pero cuando esas necesidades gobiernan sus decisiones, su prioridad es proteger la imagen que tiene de sí mismo.
Busca aprobación y termina evitando conversaciones necesarias. Confunde ser querido con ser confiable. Dice lo que otros quieren escuchar, aunque el equipo necesite claridad.
Busca control y concentra las decisiones. Revisa todo, interviene en todo y vuelve indispensable su presencia. Después se queja de que nadie tiene autonomía.
Busca demostrar y convierte al equipo en una vitrina. Necesita tener la respuesta, quedarse con el mérito y defender sus decisiones, incluso cuando los resultados muestran que debe corregirlas.
El problema aparece cuando las personas y los resultados quedan al servicio de su necesidad de sentirse importante.
Todos podemos sentir el impulso de agradar, controlar o demostrar. Liderar exige reconocerlo y evitar que decida por nosotros. A veces significa decepcionar a alguien, soltar una decisión o admitir que otro sabe más.
Una persona puede ejercer liderazgo sin cargo, sin anunciarlo y sin buscar protagonismo. Su criterio, su responsabilidad y su manera de tratar a otros terminan haciéndolo visible.
También puede ocurrir lo contrario: alguien tiene el título, la autoridad y el discurso, pero cada desacuerdo lo amenaza, cada error exige un culpable y cada logro necesita llevar su nombre.
Se puede ser líder sin parecerlo. Parecer líder no basta para serlo.
La apariencia puede sostenerse mientras nadie cuestione, mientras todo salga bien o mientras el cargo garantice obediencia. Bajo presión se revela desde dónde se decide.
Ahí se ve quién está dispuesto a cuidar al equipo y responder por sus decisiones, incluso cuando hacerlo le cuesta aprobación, control o reconocimiento.
El liderazgo empieza cuando dejamos de usar el cargo para demostrar quiénes somos y asumimos lo que otros necesitan de nosotros.