No hay peor ciego que el que no quiere ver
Por Mauricio Jaramillo Montoya
“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, y en la mayoría de las organizaciones, eso es exactamente lo que pasa con la compensación. No es que no sepan, es que eligen no mirar. Ignoran que el talento se va, que la motivación se apaga y que la cultura se pierde.
No importa cuántos procesos tengas, cuántos bonos prometas o cuántos formularios de evaluación llenen, si no hay coherencia entre lo que aportan y lo que reciben, todo lo demás es teatro.
Señales que gritan y muchos ignoran
Quien rinde más no siempre gana más.
Los roles similares pagan distinto “porque sí”.
Los talentos clave desaparecen y nadie se pregunta por qué.
La gente trabaja agotada, frustrada, invisible.
Y aun así, algunos deciden mirar para otro lado. Creen que un “borrón y cuenta nueva” o un aumento mínimo tapará la fuga de talento. Spoiler: no lo hace.
Compensación: más que dinero
Compensar no es dar plata y ya. Es ver, reconocer, alinear.
Reconocer impacto, no antigüedad.
Comunicar de manera clara quién recibe qué y por qué.
Cerrar brechas internas, aunque duela, porque admitir errores y corregir injusticias no es cómodo, pero es necesario.
Asegurar que la gente sienta que valen y que sus aportes importan.