Lo que motiva no es solo opinar, es también conectar
Lo que motiva no es solo opinar, es también conectar
Por Mauricio Jaramillo Montoya
Durante años, hemos escuchado, casi como una verdad absoluta, que involucrar a las personas en la definición de metas es el camino más efectivo para fomentar el compromiso y la motivación en equipos de trabajo. Esta idea ha guiado muchas prácticas en liderazgo, gestión del desempeño y diseño organizacional. Sin embargo, la evidencia científica nos invita a mirar más allá.
Según la investigación de Edwin Locke, en su estudio clásico "Toward a Theory of Task Motivation and Incentives", la clave de la motivación no está solo en participar en la creación de la meta, sino en cómo la meta es percibida por quien debe alcanzarla.
Lo que realmente motiva a una persona es que la meta se perciba como alcanzable y desafiante.
¿Entonces ya no es útil involucrar a las personas?
No es que la participación no importe. De hecho, incluir a los colaboradores en la definición de metas aporta ideas, estrategias y genera sentido de pertenencia. Pero eso, por sí solo, no garantiza que alguien se sienta motivado a lograrlas.
Una meta puede haber sido construida con total participación del equipo, y aún así no movilizar ningún esfuerzo si es vista como demasiado fácil o completamente inalcanzable. En cambio, una meta bien definida, que combine realismo con reto, es mucho más poderosa. Despierta el deseo de superarse, de crecer, de lograr algo que vale la pena.
El equilibrio entre posibilidad y desafío
La motivación se activa en ese punto intermedio, cuando la meta no está servida en bandeja, pero tampoco parece una fantasía lejana. Cuando el objetivo nos obliga a salir de la zona de confort, pero no de la zona de posibilidad. Este es el verdadero “punto dulce” del compromiso.
Implicaciones para líderes y organizaciones
Para quienes lideran equipos, el reto no es solo abrir espacios de participación, sino también trabajar en la claridad, el sentido y la percepción de las metas. Algunas preguntas clave son:
¿Qué tan viable se ve esta meta para la persona que debe lograrla?
¿Representa un desafío que implique aprendizaje o desarrollo?
¿Qué apoyo o recursos son necesarios para que se perciba como alcanzable?
Participar es importante. Pero lo que de verdad impulsa el compromiso es creer que la meta se puede lograr y que vale la pena hacerlo.
Como bien plantea Locke, la motivación no nace solo del consenso, sino de la conexión personal con un objetivo que desafía y que parece posible.
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