Experiencia no es Antigüedad
Por Mauricio Jaramillo Montoya
Hay personas que creen que los años hablan por ellas. Que el tiempo acumulado es sinónimo de sabiduría garantizada. Que la experiencia viene en forma de calendario, como si cada hoja arrancada sumara un grado más de lucidez.
Pero no es así.
El tiempo solo mide antigüedad.
La verdadera experiencia, la que transforma equipos, decisiones y organizaciones completas, se mide por algo mucho más desafiante: la capacidad de volver a aprender.
Cuando el tiempo se queda quieto
Todos hemos conocido personas que llevan veinte años “haciendo lo mismo”, y sin embargo no han aprendido nada nuevo desde el año uno. Su conocimiento se convirtió en un cuarto cerrado sin ventanas. Repiten fórmulas, se abrazan a procesos viejos, se escudan en frases como: “Siempre lo hemos hecho así”.
Ahí no hay experiencia, hay inercia.
La antigüedad acumulada sin aprendizaje es como una brújula sin norte, existe, pero no orienta.
La experiencia que sí importa
La experiencia real se nota en quienes sostienen dos habilidades:
La humildad para actualizarse. Entienden que el mundo no les debe estabilidad. Por eso escuchan, preguntan, prueban, se exponen a ideas nuevas y aceptan que sus verdades pueden quedar obsoletas.
La energía para volver a empezar. No se cansan de aprender, incluso si eso implica dejar atrás métodos que antes les funcionaron. Su ego no compite con la realidad; la acompaña y evoluciona con ella.