En 2015, dos empleados en Colombia con distintos esquemas de pago recibían en la práctica la misma compensación anual:
• Empleado con salario ordinario: ganaba $7.118.881 mensuales. Al sumar prestaciones legales (prima, cesantías e intereses de cesantías), su ingreso laboral anual equivalía a 14,12 salarios: 💰 $7.118.881 x 14,12 = $100.518.600
• Empleado con salario integral: recibía $8.376.550 mensuales. Su compensación anual era: 💰 $8.376.550 x 12 = $100.518.600
En ese momento, ambos ganaban lo mismo al año.
Lo que pasó después Desde 2015 en adelante, los aumentos se aplicaron de manera diferente:
• Al salario ordinario: se le incrementó cada año con base en el IPC. • Al salario integral: se le aumentó con el porcentaje fijado por el Gobierno para el salario mínimo integral.
El resultado, 10 años después En 2025, la historia cambió:
👉 Diferencia actual: $45.479.958 al año Eso equivale a 25,8% más a favor del salario integral.
Lo que significa Para que un empleado con salario ordinario hubiera mantenido el mismo nivel de compensación que el de salario integral en estos 10 años, su salario tendría que haber subido IPC + 2,0253 puntos porcentuales adicionales cada año.
Un escenario que rara vez ocurre en la práctica.
Debes tener en cuenta que este es solo el primer paso del análisis.
Todavía falta observar cómo cambian las cifras con aportes, deducciones y retención en la fuente, variables que pueden modificar de nuevo el balance.
Si dos caminos que parecían equivalentes en 2015 hoy muestran una diferencia de más del 25%, ¿no es momento de analizar qué resulta más conveniente tanto para el empleado como para la empresa?