Cuando la curva salarial deja de respirar: el efecto acordeón forzado
Cuando la curva salarial deja de respirar: el efecto acordeón forzado
Por Mauricio Jaramillo Montoya
Durante muchos años, la gestión de las curvas salariales se apoyó en una lógica relativamente estable. Se realizaba un estudio salarial, se ajustaban las referencias de mercado y, al año siguiente, la estructura podía acompañarse con un ajuste cercano al IPC. Este mecanismo permitía conservar la forma de la curva, proteger las distancias entre grados y sostener una narrativa clara de crecimiento y progresión.
Hoy, esa lógica ya no alcanza.
El incremento cercano al 23 % del SMLMV no generó un ajuste puntual ni transitorio. Activó una presión estructural que obligó a modificar toda la estructura de compensación. La curva no se expandió para acomodar el cambio; se comprimió. Y esta compresión no quedó confinada solo a la base, se transmitió por todos los grados salariales.
Los datos lo muestran con claridad: los incrementos mínimos y máximos por grado salarial reflejan la lógica de compresión progresiva:
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Como se observa, los incrementos son más altos en los niveles de base y van disminuyendo gradualmente a medida que se asciende hacia los niveles más altos. Esta progresión refleja perfectamente el efecto acordeón, la base se mueve mucho, los tramos medios ajustan para mantener las trayectorias y los niveles superiores apenas se mueven para conservar coherencia.
Visualizarlo con la metáfora del acordeón ayuda a entenderlo. No se abre para respirar; se aprieta para no romperse. Cada nivel salarial se ajusta de manera que la curva mantenga su forma, lectura y continuidad. No hay aire en el sistema, solo presión distribuida.
Por eso los incrementos decrecen de manera ordenada a medida que se asciende en grado. No es señal de equilibrio ni de diseño virtuoso. Es un sistema defendiéndose frente a una fuerza externa que no puede ignorar.
En escenarios tradicionales, después de un año de ajustes significativos, era razonable pensar que la curva podía reacomodarse con un ajuste inflacionario y recuperar cierta estabilidad. Hoy, eso no será posible.
El ajuste basado únicamente en el IPC pierde eficacia. La curva ya está comprimida, los aumentos obligatorios en la base empujan todos los niveles y reducen las distancias naturales entre grados. Un incremento por inflación no “abre” la curva ni devuelve la profundidad perdida; simplemente mantiene la compresión tal como está. Es como un acordeón muy apretado, moverlo un poco no lo hace respirar de nuevo, solo congela su forma actual. El IPC protege el poder de compra, pero no repara la estructura ni restaura el equilibrio entre niveles.
A partir de aquí surge una consecuencia inevitable. No todas las empresas tendrán la capacidad financiera para cerrar las brechas de compensación que se generan cuando el nuevo SMLMV empuja toda la estructura hacia arriba. Los referentes cambian, las expectativas se ajustan, pero los presupuestos no crecen al mismo ritmo. El resultado será la aparición de brechas internas más visibles, diferencias frente al mercado más difíciles de corregir y presión creciente en los niveles medios, no por falta de intención, sino por límites reales de sostenibilidad.
En este contexto, cobra fuerza una alternativa que durante años fue tratada como complementaria, el modelo de compensación variable, bien diseñado y alineado al negocio. No como sustituto del salario fijo, sino como mecanismo que reconoce contribución sin seguir comprimiendo la curva.
La lógica es la siguiente. Cuando a la empresa le va bien, las personas también ganan; cuando el desempeño se desacelera, el costo no se fija de manera permanente. El salario fijo permanece incluso si el desempeño baja, y concentrar todo allí puede aliviar tensiones en el corto plazo, pero profundiza la compresión y reduce el margen de gestión futura. El variable se adapta a la realidad del negocio, no infla la estructura y permite un equilibrio más sano entre reconocimiento y sostenibilidad.
El debate no es fijo vs variable. El debate real es cómo seguir reconociendo valor cuando la curva ya no tiene aire. Cómo diseñar mecanismos que permitan compartir resultados sin comprometer la viabilidad del sistema completo. Porque cuando la curva salarial deja de respirar, insistir solo en el salario fijo la termina asfixiando.
Este momento exige una mirada distinta. Leer la compensación como un sistema completo, aceptar que no todas las brechas podrán cerrarse en fijo y diseñar esquemas que acompañen el desempeño real de la organización. Una curva comprimida puede sostenerse por un tiempo, pero solo un diseño consciente permite que vuelva a cumplir su función.