“Juro decir la verdad, y nada más que la verdad… pero no toda”
Por Mauricio Jaramillo Montoya
Esa frase describe cómo algunas organizaciones comunican cosas ciertas, pero no toda la historia.
En procesos de selección, en la página de “Trabaja con nosotros” o en discursos de liderazgo, abundan expresiones que parecen irresistibles. Palabras que venden. Y no es que sean mentiras, el problema es que suelen significar otra cosa cuando se contrastan con la realidad.
Veamos algunos clásicos:
“Aquí somos una familia”
Suena cálido, cercano, casi entrañable.
Pero en algunos casos se traduce en: “esperamos tu disponibilidad total, y tu vida personal pasará a un segundo plano”.
“Ofrecemos un ambiente dinámico”
Promete movimiento y aprendizaje constante.
Aunque muchas veces significa: “no tenemos procesos claros y todo cambia de un día para otro”.
“Buscamos gente apasionada”
Invita a trabajar con propósito y entusiasmo.
Aunque también puede esconder: “queremos que trabajes más horas de las que dice tu contrato, y siempre con una sonrisa”.
“Tienes libertad para proponer”
Parece la invitación soñada a innovar y dejar huella.
Pero no siempre es así: “te escuchamos, aunque al final haremos lo mismo de siempre”.
“Aquí todos somos líderes”
Empodera y motiva en teoría.
En la práctica, a veces significa: “no hay claridad de roles ni responsables reales”.
Decir la verdad… completa
La cuestión no es si estas frases son ciertas o falsas. Muchas veces sí tienen algo de verdad. Lo que se calla puede ser más importante que lo que se dice.
El verdadero reto no es inventar un nuevo eslogan, sino alinear las palabras con la experiencia diaria. Porque las frases pueden atraer, pero lo que fideliza al talento es la coherencia entre lo que se promete y lo que se vive.
Ahora te dejo la invitación: ¿qué otra frase de esas que “suenan bien” pero esconden otra realidad has escuchado en el mundo laboral?