Un grupo de personas, con los ojos vendados, toca un elefante.
Cada una percibe solo una parte: quien roza la trompa piensa que es una serpiente, quien se apoya en el costado cree que es una pared, quien agarra la cola asegura que es una cuerda… Ninguno miente, pero ninguno tiene toda la verdad.
Esta parábola ilustra lo que ocurre cuando una organización delega la valoración de los cargos en una sola mirada. Si lo hace únicamente el líder de Talento Humano, podría prevalecer la visión metodológica. Si lo hace cada líder solo sobre sus propios cargos, podría terminar siendo una mirada parcial y sesgada. Si lo hace el consultor en solitario, quizá falte la esencia cultural de la organización…
El resultado: un “elefante fragmentado”, es decir, una descripción incompleta de lo que realmente implica cada rol.
¿Por qué un comité multidisciplinario? La valoración de cargos no es un trámite. Es la base para definir curvas de compensación, trayectorias de carrera y coherencia entre responsabilidades y propósito.
Por eso, el comité debe estar conformado por el líder de Talento Humano, los líderes de las diferentes áreas y, en algunos casos, un consultor externo.
La clave no está en que cada líder valore únicamente sus cargos, sino en que todos aporten en la valoración de todos los cargos de la organización.
Esa diversidad de miradas permite descubrir aspectos que, vistos desde una sola área, podrían pasar inadvertidos.
Tal vez un líder de ventas note una competencia que impacta en servicio al cliente, o alguien de logística reconozca un detalle en un rol administrativo.
Cada perspectiva suma y fortalece la visión global.
El valor de la diversidad de miradas Cada líder conoce un ángulo distinto de la organización.
Cuando esas piezas se ponen en común, se construye la figura completa: el “elefante organizacional”.
No se trata de defender lo propio, sino de enriquecer la comprensión de cada cargo con la experiencia colectiva.
De esta forma se evitan sesgos, se gana legitimidad y se construye confianza: las personas saben que su rol fue comprendido no desde una sola voz, sino desde el diálogo de muchas.
El verdadero riesgo está en creer que una sola perspectiva es suficiente. La parábola del elefante nos recuerda que la verdad aparece cuando todas las manos se juntan para sentir al mismo tiempo.
Un comité multidisciplinario no solo valora los cargos: equilibra lo invisible, revela el elefante completo y permite que la organización crezca sobre bases más claras, legítimas y coherentes.